Estudió arquitectura para confirmar que no era lo suyo, pero en cada proyecto de Sergio Echeverría además de un interiorismo contundente hay mucha arquitectura. Su nombre resuena en el mundo hotelero como uno de los mejores y cada proyecto suyo lleva el sello Echeverría. Ha colmado nuestras páginas con proyectos emblemáticos (y también mostrándonos su preciosa casa); se le ve siempre impecablemente vestido, con pantalón, chaqueta, pañuelo en la solapa. Lo envuelve un aire muy british, pero la puntualidad inglesa no es tanto lo suyo.
Como en Londres, a Sergio lo caracteriza un genial caos. En él conviven un profesional de primer nivel, un bon vivant que sabe de viajes y arte, y un reconocedor innato de la belleza. La sorpresa lo inspira, también la certeza de redibujar una y otra vez cada plano “para lograr algo mejor”. Y el café Millefleur, ganador del proyecto a la mejor decoración de estos premios, nos parece perfecto. De vez en cuando, se le ve cómodo disfrutando de un buen almuerzo en este espacio diseñado por él y su equipo. Un pedazo de Francia en la mitad de Vitacura, que proclama una audaz elegancia y un exquisito menú que se sabe de memoria.
En Millefleur se hace evidente la diferencia entre la perfección y el exceso y devela una parte de su propia esencia. “Creo que cada proyecto muestra siempre mi personalidad; la mezcla de estilos, de colores, de lo nuevo con lo antiguo, de la idea de sorprender, de que los espacios dentro de un gran proyecto siempre sean diferentes… creo que todo eso responde a mi personalidad”. Aquí, las mesas clásicas de un café parisino son de fierro forjado blanco, “lo que las hace más livianas”, borde de bronce, y cubiertas verde agua, imposibles de no admirar.
Las sillitas, en lila y amarillo, también evocan la capital parisina; todas fueron mandadas a hacer por Echeverría en La Maison Drucker, “quizás el más clásico fabricante de este tipo de sillas en París”, comenta. De Canne, están hechas en base a polyamida y recinas naturales. A sus ojos, nada quedó al azar: “los colores fueron elegidos después de hacer muchas muestras, hasta dar con esa mezcla tan irresistible y única. También Drucker fabricó las jardineras que están afuera en la terraza, y los sofás en un largo, pero importante proceso, ya que nunca encontrarás el mismo diseño y color en otro restaurante, ni en Santiago ni en Francia ya que la combinación de diseño y color pertenece a nuestro estudio”.
La lámpara colgante es el vértice perfecto entre la simpleza y la contemporaneidad y se mezcla bien con otras de porcelana blanca que dan una luz cálida y elegante. El cielo empapelado con un clásico papel de Nobilis propone una gráfica potente y monótona. Pero en Millefleur ni hablar de monotonía. La propuesta de Echeverría logra un espacio confortable e íntimo; un bistró con estética de café. “La idea de este café nace de hacer un lugar en el que comer simple y rico. Nos inspiramos en los cafés de París, donde la decoración es simple, pero siempre vibrante, y la gente se sienta prácticamente todos juntos en torno a la buena comida y la conversación. Queríamos entregarles a las mujeres de Casa Costanera un lugar para estar, comer rico, ver y ser vistos. Su bar, fabricado por la compañía francesa Objet de Curiosite, atrae la mirada a un espacio que potencia su belleza con tres grandes espejos entelados con linos verdes y lilas”. La pastelería es su debilidad y da lo mismo si es un quiche Lorraine o un steak tartar de filete con papa paille, lo más vertiginoso de esta aventura para Echeverría es otra cosa: “verlo siempre lleno de gente”.